Del Corazón de Saitama al Dojo en Costa Rica: Un Mes Viviendo con Dos Campeones Mundiales.
Hay momentos en la vida de un dojo que marcan un antes y un después. Sin embargo, lo que vivimos recientemente en nuestra organización no se construyó de la noche a la mañana. Fue el resultado de más de dos años de planificación, reuniones en Japón, diplomacia marcial y, sobre todo, una relación de confianza que se ha cultivado a lo largo de 15 años de viajes constantes a la cuna del karate.
Cuando el Shihan Miyama —director de uno de los dojos más exitosos y masivos de Saitama—, la hija del Kaicho y el Secretario General de Kyokushin-Kan Danial dieron el visto bueno para este intercambio, sabíamos que estábamos haciendo historia. El plan era ambicioso: traer a Costa Rica a dos jóvenes campeones del mundo, Hayato y Airu, no solo a dictar un seminario, sino a convivir con nosotros, aprender español y dejar su huella en el ADN de nuestros alumnos. Lo que no nos imaginábamos era lo mucho que esa visita nos transformaría a todos, dentro y fuera del tatami.

El Retumbo de un “¡Osu!” en el Aeropuerto
La historia comenzó en el aeropuerto Juan Santamaría, en Costa Rica. Cuando Hayato y Airu cruzaron la puerta de desembarque tras un largo vuelo desde Dallas, la formalidad japonesa se impuso de inmediato. Soltaron sus maletas y, en medio del bulicio de los viajeros que se quedaban mirando extrañados, clavaron los talones y soltaron un “¡OSU!” impecable, fuerte y reverencial. En ese preciso instante, el intercambio cultural había comenzado.
Instalarse en casa fue una aventura. Pasamos de verlos como “máquinas de combate” en los videos de los torneos a compartir el techo, la cocina y las rutinas diarias. Al principio, el menú local fue la gran novedad: probaron sodas tradicionales y el gallo pinto se convirtió en el protagonista de las mañanas. Nos comunicábamos en una mezcla de inglés, japonés y español. Ellos capturaban palabras locales y para mí, fue la oportunidad perfecta de pulir y practicar mi japonés en la cotidianidad de mi hogar.
Incluso se integraron tanto a la rutina familiar que se turnaban con entusiasmo para salir a pasear a Almita, mi perra Golden Doodle, ganándose su cariño desde los primeros días.

Disciplina de Acero a las 4:00 a.m.
Tener a dos campeones del mundo en casa es ser testigo de una ética de trabajo fuera de serie. Hayato venía con la mente puesta en el Campeonato Europeo, y la comodidad del hogar no iba a frenar su preparación.
A las 4 de la mañana, mientras el resto de la casa dormía, Hayato ya estaba afuera aprovechando una cuesta sumamente empinada que hay cerca de mi casa. Durante una hora, bajo la oscuridad de la madrugada, realizaba pasadas a máxima velocidad para desarrollar esa potencia explosiva que lo caracteriza. Ver ese nivel de entrega en un muchacho de 20 años es la respuesta de por qué lleva el oro en el pecho.
De las Cuestas de San José a la Alta Diplomacia
Uno de los picos más altos e inolvidables de esta visita se dio fuera del tatami. Tuvimos el inmenso honor de ser invitados a una cena de gala protocolaria en la Embajada de Japón.
Para Hayato y Airu, la noticia fue un impacto absoluto: estaban sumamente nerviosos. No podían creer que su estancia en Costa Rica los llevaría a compartir la mesa directamente con el embajador de su país. Al llegar a la residencia oficial, ver a estos dos atletas de élite adoptar instantáneamente una postura de riguroso formalismo y etiqueta —un nivel de respeto reverencial que solo les había visto desplegar estando frente al mismísimo Kaicho Royama — fue un espectáculo en sí mismo.
Compartimos una velada magnífica: el Embajador, los dos muchachos, dos miembros del cuerpo diplomático y yo. Fue una experiencia que los llenó de orgullo y que grabó a fuego el estatus e impacto institucional que tuvo este viaje.
Del Gallo Pinto a la Sopa Miso: El Intercambio en la Mesa y en el Aire
Por supuesto, también hubo espacio para descubrir el país. Gracias a un primo piloto, pudimos subirlos a un helicóptero para volar hacia Playa Escondida, donde conocieron el mar, se bañaron, comieron mariscos y disfrutaron como los jóvenes que son. Fuimos al cine, al parque de diversiones y celebramos mi cumpleaños rodeados de toda la comunidad de la academia. Nuestros alumnos y sus familias se apuntaron a invitarlos a almorzar y a cenar, como parte de sus propios hogares.
Con Hayato las cosas fueron aún más allá: abordamos un avión rumbo a Ecuador para inaugurar la nueva sede de Tamashii en Quito, permitiéndole conocer a nuestros instructores sudamericanos.

Pero el cuerpo extraña la tierra. Tras dos o tres semanas de comer comida costarricense, Hayato extrañaba sus sabores nativos. Descubrimos un supermercado japonés cercano y durante las últimas dos semanas del viaje, mis desayunos pasaron a ser arroz, sopa miso y natto, y en los días más calurosos, los muchachos preparaban somen y ramen fresco. En nuestra mesa, la distancia entre Costa Rica y Japón simplemente desapareció.

Filosofando en la Madrugada: El Verdadero Sentido del “Ichi Geki”
Los momentos más valiosos, sin embargo, ocurrieron en el silencio de la sala, durante largas conversaciones nocturnas en las que nos quedábamos filosofando sobre el karate y la visión del Kaicho Royama.
Hayato me compartía con profunda humildad su respeto y constante preocupación por cumplir fielmente las directrices del Kaicho. Hablamos extensamente sobre el concepto del Ichi Geki (ganar de un solo golpe) y la necesidad de mantener una distancia más larga en el combate moderno, priorizando la realidad de la defensa personal y cuidando la guardia ante posibles golpes a la cara.
Analizábamos la difícil curva de aprendizaje que esto implica frente a los reglamentos actuales. En el arbitraje convencional, si un competidor se desplaza hacia atrás para buscar distancia, esquivar y contraatacar, los jueces suelen interpretar el retroceso como una superioridad del rival. Educarnos en esta nueva visión requiere un esfuerzo titánico: el contraataque tiene que ser tan contundente, técnico y definitivo, nacido directamente de las katas, el kihon y el idogeiko, que no deje espacio a la duda. Ver a Hayato traducir este mensaje tradicional de los maestros en su estrategia de combate me llena de una admiración profunda.
Un Cierre de Gira Mundial
La despedida del mes en Costa Rica no significó un adiós inmediato. El viaje continuó y nos llevó a un nuevo destino. Hayato empacó maletas una vez más para viajar con nuestra delegación rumbo a Florida, Estados Unidos, para el 2023 Kyokushin-Kan America Open International Championships.
Hayato no solo se puso el gi para pelear como un miembro más de nuestro equipo, sino que asumió el rol de coach para mis alumnos en la silla de combate, guiándolos con una madurez asombrosa y ayudándonos a conseguir un resultado excelente.
En junio 2026 el destino nos volvió a unir, esta vez en Suiza en el Kyokushin-Kan Swiss Open Championship 2026, donde lo vi coronarse de manera brillante como el nuevo Campeón Europeo. En tono de broma, suelo molestarle diciéndole que dudo que haya estado en tantos países con otra persona en tan poco tiempo. En cuestión de meses, nuestros caminos se han cruzado en Japón, Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos y Suiza. Un verdadero lazo global.
El Legado en el ADN de Tamashii
Para nuestra academia, el impacto fue total. Airu Yoshida ofreció un seminario técnico magistral de katas, que dejó boquiabiertos a todos. Hayato Chida dejó su alma en cada clase regular y privada. Verlos moverse nos hizo comprender lo que significa criarse desde niños bajo la tutela de los más grandes maestros de Japón. Su técnica no es algo que repiten; es algo que llevan impregnado en el ADN.
Nuestros alumnos absorbieron la humildad, el respeto y la frescura de dos jóvenes campeones mundiales que nunca perdieron la actitud de eternos estudiantes.
Al final, este viaje fue una experiencia inolvidable para las familias y para los chicos, pero de manera muy especial, lo fue para mí. Valió la pena cada segundo de estos años de gestión. En Hayato no solo veo a un competidor extraordinario que hoy domina los tatamis del mundo; veo de forma clara y nítida a uno de los futuros grandes líderes de nuestra organización a nivel global para las próximas décadas.
Gracias, Hayato y Airu, por recordarnos que el karate es un camino de sudor, esfuerzo y de hermandad inquebrantable.
¡Osu!
Shihan Mauricio Carranza
Costa Rica